En todo este proceso catequético con los niños de III nivel, ha sido muy emocionante y bueno ver como conciben ellos la lucha de la santidad. Este es un detalle de todos los trabajos recopilados hoy, donde los niños plasman esa verdad, esa realidad que sus almas pueden percibir.
Espero que nos ayude a nosotros los adultos a profundizar en la experiencia de la santidad.
Cambiando el sentido de normal, extrovertido, estudiante, viajero, buen amigo, poeta, lector.
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domingo, 2 de marzo de 2014
domingo, 16 de febrero de 2014
Ser Catequista
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| Espíritu santo ¡Ven! Manda tu luz desde el cielo... |
El ser humano
necesita la experiencia de Dios en cada momento. Siempre quise ser catequista. Podría
decirse que hasta ahora había sido un sueño frustrado. Cuando llegué a este país
se dio la grandiosa oportunidad de innovarme en ese ambiente. Nunca me ha
faltado gente que me dice que puedo desempeñarme en alguna función y esta vez –obviamente-
no fue la excepción.
El hecho de
ser catequista integra grandes cuestiones de fe. Grandes retos hacia los niños
a mi cargo. Estos niños son esencialmente una enciclopedia temática de la fe
desde diferentes perspectivas. Tienen una concepción de Dios –muchas veces- más
pura, más humana, sin muchos tabúes. Es ahí, donde el catequista incursiona en
su mundo y lo que a simple vista podría ser que uno es quien les enseñe,
termina siendo al contrario, se termina aprendiendo de ellos.
Me ha pasado
que los chicos ya me conocían, puesto que soy nuevo en la comunidad, pensé que estarían
renuentes a la idea de que llegara un desconocido a darles catequesis, fue todo
lo contrario, me han recibido a lo bien. Muy inteligentes y con cualidades
humanas muy arraigadas, con su cultura patriótica bien definida. Estos niños,
me han mostrado el rostro pequeñín de Dios.
Sé, tengo la
certeza y la confianza en el Espíritu Santo que este año sea todo muy especial
con ellos, que aprendan mucho y lleguen al Sacramento de la Eucaristía por
primera vez, convencidos de lo que reciben y con el alma abierta a ser futuros
Agentes de Cambio de sus comunidades.
sábado, 21 de diciembre de 2013
¿Aprender de los niños?
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| Nueva aventura en los países nórdicos creados por los niños. |
Hoy he andado una vez más estos caminos. Los mismos arboles, las mismas personas, los mismos carros, los mismos saludos. ¡Pero no me importa! Yo sé que cada día es diferente. Ayer el aire corría de Norte a Sur, hoy, parecer ser que de Este a Oeste. Los arboles ayer estaban diferentes a como están hoy, he visto algunos maltratados por humanos indecentes que los han golpeado para degustar sus frutos. He visto un accidente en las mismas calles con algunos carros de los que siempre veo.
Conocí un grupo de 7 niños de 17 que posiblemente el próximo año su formación en la fe, pase por mis manos. Aprendí de ellos, su sinceridad y esa mirada fructífera que te hace sentir con la fuerza para seguir adelante, de disfrutar la vida con sus luces y sombras. Hasta hace algunos días pensaba que los niños eran lo más nefasto que podía haber en el planeta, pero, ¿no fui niño yo también? Llego otra idea. Si yo seré Catequista, ¿no sería mejor ver a los niños como si ellos fueran Jesús? Encontré consuelo e ideas para trabajar con ellos; pero lejos de tanta palabrarería sobre catequesis sigamos con el tema que importa.
He pasado más tiempo en casa, con mis primitas que para qué, me sacar de mis casillas pero las quiero. Definitivamente sus apapachos y peleas entre ellas alegran mis momentos. El sol, aun esta fuerte, son las tres de la tarde y he llegado a casa de mi compañía de camino, aquí nuevamente me he encontrado a sus sobrinos (muchos niños) jugando “Bingo” mientras escribo y reviso mi facebook. No me estorban, solo me hacen percibir que su vida transcurre lenta y segura, rápida y espontanea, pero ellos en todo eso, son felices, pareciera que nada les importa, que todo pasa y ellos son eternos ¡y lo son!
Lo son en sus deseos profundos de sinceridad, de entrega sublime en cada detalle y palabra. Creo que tengo que aprender muncho más de los niños que de los caminos que recorro día con día en este pueblo sureño de mi lejano y nórdica patria.
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